
Clamo al cielo y le pregunto qué ha sido de mi valor, mis fortaleza y mi decisión.
Sigo encerrada en esta jaula de cristal, temiendo que al romperse, los añicos se claven en mi corazón y no le permitan seguir latiendo, temiendo que la nueva atmósfera no reconozca mis pulmones y no les permita respirar... temiendo que sin tu resguardo, no sea capaz de continuar caminando...
Quiero romper los barrotes, abrir la puerta, hacer un agujero y huir... todo salvo quedarme en esta prisión sombría y desapacible...
Quiero y no puedo.
Quiero, grito, pido auxilio...
Quiero salir... y ahí apareces tú, mi carcelero, sonriente y altanero...
Sabes que de ti depende mi libertad. Y que si yo no soy capaz de escapar, tú no vas a ayudarme...
Me recuerdas que aquí está mi sitio, bien guarecida y protegida, bajo tu dulce apariencia que ya se me torna cruel, y tu antigua boca de miel se convierte en beso traicionero...
Quiero salir... y no puedo...







